El día va apagando sus luces, en la bitácoravuelvo a escribir un epitafio.
Errante en la noche. Despojada del sueño,
último bastión de cordura,
imagino un mano a mano con la muerte
aquella lejana amiga, compañera de mis sobredosis.
El desatino de la abstención me invade.
Sucumbo ante el dolor y vuelvo a pensar
en el remedio extremo
Recorro las ventanas buscando, vanamente
la claridad que anuncie el día
Dos pulseras carmesí adornan mis muñecas.
En la espera
una sonrisa de paz se instala en mis labios
2 comentarios:
¡Guau! Silvita, carga tràgica en un encuentro màgico entre prosa y poesìa.
Me agradó leer los textos de tu blog, querida Silvia, y especialmente me llegó este poema: intenso, con buenas imágenes.
Gracias por compartirlo.
Un cariño
Analía
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