martes, 13 de enero de 2009

Tribus urbanas.


Alegoría de este tiempo

Búsqueda exquisita
de lo igual en lo diverso,
de lo especial en lo cotidiano.

Sincronía de la libertad,
de lo efímero
de lo trascendente
más allá de la historia

Demanda de un acuerdo tácito
con el escenario, con las contradicciones,
con cada una de las cosas no resueltas,
con los estigmas contemporáneos,
con la identidad del ser.

Pasión. Ocaso del presente
Anatema del porvenir

sábado, 10 de enero de 2009

Nosotros y el alma

Abismos en el alma.
Recóndito despliegue de utopías
Almacigo de alguna realidad alternativa
y una vos que se deja escuchar. Amiga, confidente
Que recrea ese pequeño inocente que escondemos

Temerosos de ser lastimados
nos vamos envolviendo capa tras capa
en un vano intento de cuidado

El destino sienta precedente.
Nuevamente nos deja desnudos, bajo el agua,
con solo una pajilla para tomar aire.
A fuerza de ahogo aprendemos lo preciado del oxigeno

Antes de lanzarnos a un nuevo desatino
nos llenamos los pulmones jurando no caer
en otra desmesura

El alma intacta. Incontaminada. Grandiosa
Guarda ese espacio donde todo es posible

Crepúsculo

El día va apagando sus luces, en la bitácora
vuelvo a escribir un epitafio.

Errante en la noche. Despojada del sueño,
último bastión de cordura,
imagino un mano a mano con la muerte
aquella lejana amiga, compañera de mis sobredosis.

El desatino de la abstención me invade.
Sucumbo ante el dolor y vuelvo a pensar
en el remedio extremo

Recorro las ventanas buscando, vanamente
la claridad que anuncie el día
Dos pulseras carmesí adornan mis muñecas.
En la espera
una sonrisa de paz se instala en mis labios

Soledad

Y aun la espera
se convirtió en nostalgia
Y los “te quiero” arrumbados
descansan

La piel, mortaja prematura,
que hasta ayer sentía el volcán de tus formas
Hoy se asemeja a costra,
ajada y vana

No se de renunciación
solo el olvido
aguarda por mi alma

sábado, 3 de enero de 2009

Génesis del poema

Solo hay que descubrirlo
Quitarle el polvo que acumulo en la espera
Escuchar el sonido y la cadencia de las palabras
Entrecerrar los ojos para percibir los tonos
Descansar la mente para no contaminarlo
Y aguardar hasta el instante preciso en que complete su nacimiento

Luego dejarlo libre